Del problema cotidiano a la ley: cómo una preocupación de los jóvenes puede llegar al Congreso

Una mirada cercana a cómo una preocupación de la vida diaria de las y los jóvenes puede convertirse en una propuesta legislativa y llegar al Congreso.

GOBIERNO, POLÍTICAS PÚBLICAS Y EL MUNDOARTÍCULOGERARDO OLIVIO CRUZ RODRÍGUEZ

Gerardo Olivio Cruz Rodríguez

10/13/20264 min read

Cuando los jóvenes escuchan la palabra “Congreso”, probablemente lo primero que pensamos son sesiones largas, debates sin sentido, leyes que benefician a los mismos legisladores, diputadas, diputados, senadoras y senadores hablando desde una tribuna para no ayudar al ciudadano. Para muchas personas, especialmente para quienes somos jóvenes, puede parecer un espacio lejano, complicado o incluso ajeno a nuestra vida cotidiana.

Pero ¿qué pasaría si viéramos al Congreso desde otra perspectiva?, ¿Desde otro panorama?

¿Qué pasa cuando el problema que enfrentamos todos los días deja de ser solamente una queja y se convierte en una propuesta que busca cambiar las cosas?

Ahí comienza a entenderse, a tomar sentido realmente el trabajo legislativo.

Un ciudadano que tarda horas en trasladarse a la escuela o al trabajo, alguien que busca atención para su salud mental, una persona que tiene dificultades para acceder a una oportunidad laboral o incluso quien enfrenta un problema relacionado con un ser sintiente puede pensar que su situación no tiene relación alguna con el Poder Legislativo, pero en realidad si la tienen.

Los congresos locales tienen, entre otras funciones, la responsabilidad de crear, modificar o revisar el marco jurídico que rige buena parte de la vida de las personas. Por eso, muchas veces, detrás de una iniciativa de ley existe algo mucho más sencillo: un problema que alguien identificó y decidió que no debía quedarse solamente en una conversación, en la calle, o en un papel.

Todo puede comenzar con una pregunta

Una propuesta legislativa no aparece de la nada.

Antes de realizar una iniciativa o un punto de acuerdo, es necesario conocer el problema, revisar qué establece actualmente la legislación, identificar si existe alguna disposición que ya lo atienda y analizar qué puede modificarse.

Esto es particularmente importante porque no todos los problemas se solucionan creando una nueva ley.

En ocasiones, la legislación existente necesita una modificación. En otras, puede ser necesario fortalecer algún mecanismo, establecer una obligación más clara o mejorar la coordinación entre autoridades.

También existen herramientas parlamentarias distintas a una iniciativa. Un punto de acuerdo, por ejemplo, puede utilizarse para solicitar información, hacer un llamado a una autoridad o plantear una acción concreta frente a una problemática determinada.

Por eso, hablar de trabajo legislativo no significa hablar únicamente de “hacer leyes”.

Significa analizar problemas y buscar, dentro de las facultades del Congreso, cuál puede ser la herramienta adecuada para atenderlos.

¿Y dónde entran los jóvenes?

Aquí existe un reto importante.

Durante mucho tiempo se ha hablado de la juventud como un grupo al que hay que escuchar, representar o integrar a la vida pública. Pero los jóvenes también tenemos la capacidad de identificar problemas, investigar sus causas y plantear soluciones.

La participación no necesariamente comienza con una candidatura, un cargo público o una elección.

Puede comenzar preguntándonos por qué algo funciona de determinada manera.

¿Por qué una situación que afecta a cientos o miles de personas sigue ocurriendo? ¿Qué dice la ley sobre ella? ¿Qué autoridad tiene facultades para intervenir? ¿Existe una norma que no se está cumpliendo? ¿Hace falta modificarla? ¿O quizá el problema requiere una solución distinta?

Estas preguntas también forman parte de la participación ciudadana.

Y creo que ahí existe una oportunidad que muchas veces desaprovechamos: acercar el lenguaje legislativo a las personas.

Porque si una iniciativa, una reforma o un punto de acuerdo resulta incomprensible para la ciudadanía, difícilmente podrá sentirse como algo propio.

El Congreso también habla de nuestra vida diaria

La actividad legislativa puede parecer distante hasta que entendemos sus consecuencias.

Las decisiones que se discuten en un Congreso pueden relacionarse con problemas como la movilidad, la educación, la seguridad, la salud mental, los espacios públicos, los derechos de niñas, niños y adolescentes, la protección de los animales o las condiciones en las que las personas desarrollan distintas actividades.

Por eso considero importante que los jóvenes no veamos al Congreso únicamente como un lugar al que se llega después de una elección, sino, también debemos verlo como un espacio institucional en el que nuestras preocupaciones pueden ser planteadas, analizadas y, cuando corresponde, transformadas en propuestas.

Eso sí: una propuesta legislativa no garantiza por sí misma que un problema desaparezca.

Entre la identificación de una problemática y una modificación jurídica existen análisis, discusión, comisiones, dictaminación y, en su caso, votación. Incluso una propuesta aprobada necesita posteriormente ser aplicada por las autoridades correspondientes.

Precisamente por eso, hacer trabajo legislativo responsable requiere algo más que buenas intenciones.

Requiere investigación, conocimiento jurídico, diálogo y seguimiento.

Una preocupación también puede convertirse en una propuesta

Tal vez esa sea una de las ideas que más deberíamos acercar a las nuevas generaciones.

Que detrás de una ley no solamente existen artículos y fracciones.

También existen historias, problemas y necesidades concretas.

Una persona puede detectar una situación en su colonia. Un estudiante puede encontrar una deficiencia en un procedimiento. Una organización puede señalar que una norma no está respondiendo a una realidad que cambió. Una comunidad puede plantear una problemática que lleva años sin solución.

El trabajo legislativo consiste, en buena medida, en escuchar esas realidades y analizarlas desde las herramientas que tiene el Congreso.

Por eso, quizá la pregunta no debería ser solamente:

“¿Qué hacen los diputados?”

También deberíamos preguntarnos:

“¿Qué problemas de nuestra vida cotidiana deberían estar siendo discutidos en el Congreso?”

Porque cuando un joven entiende que una preocupación puede convertirse en una investigación, una investigación en una propuesta y una propuesta en una discusión pública, la política deja de ser algo lejano.

Se convierte en una herramienta institucional que también puede utilizarse para intentar cambiar aquello que vivimos todos los días.

Y quizá ahí comienza una participación mucho más cercana: no esperando a que alguien más hable por nosotros, sino aprendiendo primero a identificar qué queremos cambiar y por qué.

Porque nuestra generación no solo tiene futuro: también tiene voz en el presente.

De conformidad con el Manifiesto sobre el Uso de Inteligencia Artificial de Revista Abogatitos, se declara que se utilizó ChatGPT para cambiar la redacción de dos párrafos. El planteamiento, las ideas y la redacción del artículo corresponden al autor.