El derecho está ahí, aunque no lo veas

El derecho está presente en tu día a día, desde que amaneces hasta que regresas a casa: una invitación a acercar la ley a la ciudadanía.

DERECHO COTIDIANODULCE BELÉN FLOREAN PÉREZANÉCDOTA

Dulce Belén Florean Pérez

10/13/20266 min read

El derecho habita en lo cotidiano.

Vivimos en una sociedad regida por leyes que regulan nuestra conducta: lo que podemos hacer, lo que debemos hacer, cómo debemos hacerlo y, por supuesto, aquello que no se nos permite. La creación de estas reglas, que rigen nuestra convivencia, se concentra en una tarea encomendada a unos cuantos: nuestros representantes, quienes, a su vez, cuentan con organismos especializados en la redacción de las leyes. Es decir, disponen de equipos humanos y materiales altamente técnicos dedicados a redactar las normas que habrán de regirnos.

Ante tal especialización, las normas que se emiten suelen estar llenas de tecnicismos y de un lenguaje complejo para quienes no se dedican a su estudio. Sin embargo, esas leyes, escritas con palabras que en ocasiones parecen incomprensibles, nos aplican a todas y todos. En ese contexto, resulta absurdo y discriminatorio que las reglas que nos indican qué hacer y qué no hacer sean difíciles de entender para la ciudadanía y que, en algunos casos, ni siquiera puedan conocerse, como sucede con las personas hablantes de alguna lengua originaria que no tienen acceso a la información jurídica en su propio idioma. En consecuencia, esta barrera puede impedir que conozcamos y ejerzamos plenamente los derechos que las propias leyes reconocen.

Es precisamente por ello que los escritos de su servidora en Abogatitos tienen un propósito: acercar el Derecho a la ciudadanía, explicar de manera sencilla aquello que nos corresponde, las reglas que regulan nuestra conducta y las herramientas que tenemos para hacer valer nuestros derechos.

Y para comenzar, hay una idea que me gustaría compartir contigo: el Derecho está presente en mucho más de lo que te puedas imaginar.

Hoy en día existen numerosas ramas del derecho y muchas otras continúan desarrollándose, pues las sociedades cambian constantemente y surgen nuevas necesidades que requieren respuestas jurídicas. Sin embargo, a pesar de que miles de abogadas y abogados se especializan día a día en distintas materias, existe un elemento central que con frecuencia olvidamos y que ha sido ignorado durante siglos: el ciudadano, la persona común, aquella para quien, en última instancia, también se crean las leyes.

Comúnmente, al escuchar la palabra “derecho” la relacionamos de inmediato con personas en la mayoría de los casos, hombres de traje y carácter imponente, con lugares como tribunales y congresos, o con situaciones como juicios, pleitos y litigios. A lo largo de los siglos se ha construido un estereotipo en torno al derecho, del que algunas personas se han dado a la tarea de distanciarse para intentar reivindicarlo, mientras que muchas otras han contribuido a reforzarlo.

No obstante, hoy existe una generación de abogadas y abogados que busca romper con el paradigma que durante décadas ha acompañado al derecho. Las nuevas generaciones de estudiosos de esta disciplina estamos convencidas de que, si las leyes afectan a todas las personas, todas deberían tener la posibilidad de conocerlas, entenderlas y saber cómo utilizarlas para defender sus intereses, sus bienes, sus propiedades y todo aquello que legalmente les concierne.

Por eso, quiero explicarte cómo el derecho forma parte de tu día a día y cómo conocerlo puede facilitarte la vida.

Imagina que despiertas un día cualquiera y observas el amanecer, las nubes claras, los árboles y los pajarillos que cantan. Todo parece estar bien. Pues bien, detrás de esa escena también hay derechos: el derecho a un medio ambiente sano y el derecho a una vivienda digna, entre otros. Pero si, por el contrario, no puedes ver las nubes debido a la contaminación y ya no escuchas más que el ruido de los automóviles, podríamos estar ante situaciones que vulneran tu derecho a un medio ambiente sano.

Continúas con tu rutina y quieres tomar un baño. Déjame decirte que tener acceso al agua potable es también una cuestión de derechos. Después, preparas tu desayuno, relacionado con el derecho a una alimentación nutritiva, suficiente y de calidad. Además, los productos que consumes deben cumplir con las disposiciones sanitarias aplicables, incluidas las Normas Oficiales Mexicanas que correspondan. Y, si quieres ir más allá, muchos de esos productos pudieron haber sido importados, por lo que debieron cumplir con los procedimientos aduaneros correspondientes, sujetos a un marco normativo en el que intervienen distintas ramas del derecho.

La mayoría de los productos que consumes deben cumplir con normas para su elaboración. Detrás de cada proceso hay personas que trabajan y que, por supuesto, tienen derechos laborales que deben ser respetados.

Sales de tu casa, esperas el transporte público, te subes y, sin hablar ni preguntar nada, pagas la tarifa. Quizá no te des cuenta, pero acabas de realizar un acto con consecuencias jurídicas. Al pagar por un servicio de transporte, surgen derechos y obligaciones, incluso sin haber negociado previamente sus condiciones. Tú tienes derecho a recibir el servicio y la obligación de pagar la tarifa correspondiente; por su parte, el prestador del servicio tiene derecho a recibir el pago y la obligación de transportarte conforme a las condiciones aplicables. Algo similar sucede en numerosos contratos que celebramos cotidianamente, muchas veces sin detenernos a pensar en ello.

Llegas a tu trabajo y, aunque en este contexto el derecho puede ser más evidente, está completamente inmerso en tu vida laboral: desde las condiciones de trabajo y la seguridad social hasta tus derechos como persona trabajadora y los derechos sindicales. ¿Qué pasa si sufres un accidente en el trabajo? ¿Qué pasa si no te proporcionan seguridad social? ¿Qué pasa si te discriminan o te violentan en tu espacio laboral? ¿Qué sucede si la empresa cierra? Todas estas son interrogantes que pueden surgir en cualquier momento y para las que el derecho ofrece mecanismos de protección y posibles vías de solución.

El derecho siempre está ahí. ¿Alguna vez te has preguntado si la cafetería a la que acudes está legalmente constituida? ¿Si las marcas de los productos que consumes están registradas? ¿Si la propiedad intelectual de los libros que lees está protegida?

En tu día a día también encuentras el derecho al alcance de la palma de tu mano. Cuando aceptas los «términos y condiciones» de una aplicación, realizas compras por internet, haces movimientos bancarios o contratas un servicio de entretenimiento por streaming, entras en relaciones que pueden generar derechos y obligaciones. Aunque no siempre repares en ello, muchas de estas actividades involucran contratos y otras figuras jurídicas.

Incluso cuando vas a una tienda de autoservicio y pagas el impuesto al valor agregado (IVA) al comprar un producto, estás participando en una relación vinculada con el derecho fiscal.

Al regresar a casa, vuelves a encontrarte con él: en el derecho a contar con transporte público accesible, en la obligación de las autoridades de atender sus responsabilidades respecto de las calles y los espacios públicos, y en las condiciones de seguridad de tu comunidad. Si te enfermas, tienes derecho a recibir atención médica conforme al marco jurídico aplicable y, cuando corresponda, a acceder a los medicamentos necesarios. También son relevantes los espacios para practicar deporte y, en general, las condiciones que permiten llevar una vida digna y plena.

Todo esto está relacionado con derechos que no solo existen como ideales o aspiraciones aunque en la realidad no siempre se garanticen como deberían, sino que también están reconocidos en nuestras leyes. Y ese reconocimiento importa porque, cuando un derecho es vulnerado, pueden existir mecanismos jurídicos para exigir su respeto y cumplimiento.

A partir de estos ejemplos, podemos llegar a una conclusión sencilla: incluso en las actividades más rutinarias de nuestra vida realizamos actos relacionados con el derecho que pueden pasar desapercibidos o resultar casi imperceptibles. Sin embargo, estos pueden generar derechos y obligaciones. Al mismo tiempo, nuestros derechos pueden verse vulnerados sin que siquiera sepamos que los tenemos o que existen mecanismos legales para protegernos. En ocasiones, sabemos que algo nos afecta, pero desconocemos que hay herramientas jurídicas a nuestro alcance para hacerle frente.

¿Cuántas veces nos hemos sentido perjudicados por una situación sin conocer que existe una norma que nos protege? ¿Cuántas veces hemos dejado de reclamar algo por desconocer que tenemos derecho a hacerlo? ¿Cuántas veces hemos pensado que resolver un problema legal es demasiado complicado antes de siquiera conocer las alternativas disponibles?

Es precisamente ahí donde cobra importancia acercar el Derecho a la ciudadanía.

No siempre es necesario firmar un contrato para que se generen consecuencias legales. Tampoco se necesita realizar un acto solemne ante un notario público o una autoridad. No siempre tenemos que acudir a un despacho, a un tribunal o a un juzgado, ni vestir trajes ostentosos para sentir que estamos inmersos en el mundo jurídico.

El Derecho no comienza cuando presentamos una demanda ni termina cuando se dicta una sentencia. El Derecho ha estado ahí, en nuestras actividades más ordinarias, en las relaciones que construimos y en las condiciones que necesitamos para vivir dignamente.

Porque el derecho está en todas partes. Está tan presente en nuestra vida que nos afecta a todas y todos, incluso cuando no somos conscientes de ello. Por eso, es importante conocerlo, entenderlo y hacerlo parte de nosotros; apropiarnos de él para dejar de verlo como algo ajeno, exclusivo de especialistas o reservado para los tribunales.

Porque el derecho también es nuestro, y conocerlo es el primer paso para hacerlo valer.

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